Romper expectativas
“Ámate cuando sientas que menos lo merezcas,
porque será cuando
más lo necesites.”
En una ocasión "amé" demasiado hasta que me sequé, me olvidé de mi. Después en ese reconstruir de mi misma, herí, quizá, a otras personas por no responder a tiempo, por no acompañar otros casos similares al mío. Me alejé de todo y de todas/os, ya saben eso que provoca la violencia. Y es que si no podía salvarme a mi misma, darle la mano a otras mujeres hubiera sido cínico y deshonesto.
Pasó el tiempo y me volví a sentir viva, me encontré con la marea violeta y en ese volver a empezar, de nuevo idealicé y confié, bajé la guardia, sentí alivio. Pensé: "jamás me volveré a sentir mal". Sí, generé expectativas de cuentos de hadas. Conforme pasaron los meses, los años, me encontré con mujeres que también me lastimaron e hirieron muchísimo. Lloré y me revolqué en mi cama, me abracé y me volví a levantar.
Después me di cuenta que otras mujeres también me habían idealizado. Creyeron que yo siempre estaría, que yo no podía equivocarme. Pensaron que siempre con sonrisa en rostro y con la energía al cien debía estar los siete días de la semana, las 24 horas. Al verme no tan feliz ni servicial como siempre, tuvieron ese choque de decepción como el que quizá yo tuve con otras personas.
Me deprimí por no ser eso que querían de mí. Me cuestioné, pedí disculpas, algunas no las aceptaron y decidí seguir.
Sembraron información incorrecta de mi, utilizaron mis palabras de confianza y otra vez: decidí continuar. Quizá en soledad, no tan acompañada como antes, pero con la certeza de que en este aprendizaje las expectativas sólo sirven para dañar el corazón. He ahí la importancia de fluir y del autocuidado. He aquí la importancia de dejar de juzgarnos por lo que opinen o digan las demás personas sobre nosotras.
Aquí la señal de que primero debemos amarnos a nosotras mismas, porque es cansado complacer a todas las personas. Es más ¿por qué queremos complacerlas? No es necesario que todas las personas sepan cómo nos sentimos, si hacemos esfuerzo o no para continuar. Basta con saber quiénes somos y a dónde vamos.
Con todo este embrollo también descubrí que aunque me equivoque, tengo la capacidad de reconocerlo, de sentirlo y pedir perdón. De respetar un "no" y continuar sin rogar. Descubrí que prefiero ir sola que estar contaminada. Descubrí que me amo y que abrazo cada momento que he vivido, pues me ha hecho crecer y darme cuenta de esto. Descubrí que puedo sentir agradecimiento por quienes me ayudaron y hoy ya no están conmigo.
¿Creen que algún día borraremos esas cargas del deber ser y hacer?, ¿algún día dejaremos de esperar de otras/os? ¿algún día estaremos llenas/os del alma?
Espero que estas palabras sirvan para reflexión personal y continúemos caminando sin expectativas. Cuidémonos, primero a nosotras/os mismas/os y posteriormente entre todas/os.
Recuerda: sólo tú puedes llenar el vacío que sientes, sólo tú puedes salvarte.
¡Bésate, ámate y perdónate a ti misma/o!

Comentarios
Publicar un comentario